Intensivo de Performance

Intensivo de Performance
Taller dictado por Inti Pujol y José de Diego.

domingo, 12 de junio de 2011

Textos del Taller #2 Arte que no puede ser arte de Allan Kaprow

Arte que no puede ser arte
Allan Kaprow, 1986

Es ampliamente sabido que durante los últimos treinta años mis trabajos principales fueron situados en actividades y contextos que no sugieren arte en ningún modo. Cepillarme los dientes, por ejemplo, a la mañana, apenas me despierto; mirando el rítmo de mi codo moviéndose arriba y abajo en el espejo…

La práctica de tal arte, que no es percibido como arte, no es una contradicción sino una paradoja. ¿Por que es así?, requiere algún antecedente.

Cuando hablo de actividades y contextos que no sugieren arte, no me refiero a que un evento como cepillarme los dientes a la mañana es elegido y entonces introducido a un contexto artístico tradicional como hizo Duchamp y, desde él, muchos otros. La estrategia mediante la cual, un marco identificador del arte (tal como una galería o teatro), concede el “valor de arte” o “discurso artístico” a un objeto, idea o evento no-artístico, fue, en el movimiento inicial de Duchamp, fuertemente irónica. Forzó la confrontación de toda una serie de supuestos sobre la creatividad, habilidad profesional, individualismo, espiritualidad y modernismo, y el valor supuesto y la función del arte elevado en sí mismo. Más tarde, sin embargo, se tornó trivial ya que más y más objetos no-artísticos fueron incluidos en exhibiciones por otros artistas.  Más allá de los méritos de cada caso, cuando veíamos una pila de objetos industriales en una galería o que la vida cotidiana era representada en un escenario, que todo podía ser estetizado, ser metido en el envase artístico correcto, la misma verdad se manifestaba. Pero ¿por qué deberíamos querer estetizar algo? Toda la ironía se perdía en esas presentaciones y eran olvidadas las preguntas provocativas.  Hacer ese tipo de propuestas en el arte me parecía improductivo.

En cambio, decidí prestar atención a cepillarme los dientes. Ver mi codo en movimiento. Estaría solo en mi baño, sin espectadores de arte. No habría galería, críticos para juzgar ni publicidad. Este fue el cambio fundamental que retiró a la performance en la vida cotidiana de todo, excepto la memoria del arte. Por supuesto, podría haber dicho a mi mismo “¡ahora estoy haciendo arte!” Pero en la práctica real, no pensé mucho en eso.

Mis pensamientos y conciencia fueron de otro tipo. Empecé a tomar conciencia de cómo, el acto de cepillarme los dientes, se había vuelto una rutina, un comportamiento inconsciente comparado con mis primeros intentos siendo niño. Empecé a sospechar que el noventinueve por ciento de mi vida diaria era tan rutinaria y desatendida, que mi mente siempre estaba en algún otro lado y que los cientos de señales que mi cuerpo me enviaba cada minuto eran ignorados. Supuse también que la mayoría de las personas eran como yo en ese sentido. 

Cepillarme los dientes atentamente por dos semanas. Gradualmente tomé conciencia de la tensión de mi codo y dedos (¿estaba allí antes?), la presión del cepillo en mis encías, la sangre ligera (¿debería visitar al dentista?). Una vez miré hacia el frente y observé, realmente observé mi cara en el espejo. Pocas veces me había mirado a mi mismo cuando me levantaba, tal vez para evitar la cara de dormido, al menos hasta que me la lavara y arreglara y lograra la imagen pública que prefiero. (¿Y cuántas veces he visto a otros hacer lo mismo y creer que yo era diferente?)

Esto abrió mis ojos en cuanto a mi privacidad y humanidad. Una visión ordinaria de mi mismo comenzaba a emerger, una imagen que yo había creado pero nunca examinado. Se colorearon las ideas que me había hecho del mundo e influenció en cómo lidiar con mi propia imagen y las de los otros. Comprendí esto poco a poco.    

Pero si este dominio amplio de resonancias, extendido desde el mero acto de cepillarme los dientes, parece muy lejano de nuestro punto de partida, debería decir, inmediatamente, que nunca salí del baño. La fisicidad del cepillado, el sabor aromático de la pasta de dientes, ascendiendo por mi boca y el cepillo, la cantidad de matices tales como que el cepillo cargado entre desde el lado derecho y luego se mueva al izquierdo por ser diestro. Estas particularidades permanecieron presentes. Las mayores implicaciones surgieron de vez en cuando, durante los días siguientes. Todo esto sobre el cepillado de dientes.

¿Cómo es esto relevante para el arte? ¿Por qué no es solo sociología? Es relevante por que la evolución del modernismo en si mismo llevó a la disolución del arte en sus fuentes de vida. El arte del oeste tiene una larga historia en secularizar tendencias, desde el período Helenístico hasta fines de la década de 1950 y 1960, este impulso de similitud con la vida, dominó la vanguardia. El arte se cambió del objeto especializado en la galería al entorno urbano real; al cuerpo y mente reales; a la tecnología de la comunicación; y a regiones naturales remotas del océano, cielo y desierto. Así, la relación entre el hecho del cepillado de dientes y el arte reciente es clara y no puede ser evitada. Aquí yace la paradoja: un artista preocupado por el arte que se mezcla con la vida, es un artista que no hace arte.

Cualquier cosa menos la paradoja hubiera sido simplista. A menos que la identidad (y así el significado) de lo que hace el artista sí oscilara entre la actividad ordinaria y reconocible y la “resonancia” de esa actividad en un contexto humano más amplio, la actividad en si misma, se reduce a un comportamiento convencional. O si es marcado como arte por una galería, se reduce al arte convencional. Así, el cepillado de dientes, como normalmente lo hacemos, tampoco ofrece caminos de regreso al mundo real. Pero, la vida ordinaria realizada como arte/no-arte puede cambiar el día a día con fuerza metafórica.

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